Y la oración no termina el día de la boda. Como recuerda la espiritualidad de Santa Clara, también hay que acompañar a las familias en los momentos difíciles, cuando llegan las preocupaciones, las dificultades o las «lluvias» de la vida.
Así, un gesto tan sencillo como llevar unos huevos se convierte en algo más profundo: una petición, una muestra de confianza y una oportunidad para poner una historia de amor en manos de Dios.
Una tradición sencilla que continúa pasando de generación en generación y que, en las manos de las Clarisas, encuentra su sentido más profundo: rezar, acoger y acompañar.




